Por nuestro amor mutuo, Dios habita en nosotros – Manila Bulletin

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REFLEXIONES DE HOY

Anticipándonos a la Ascensión del Señor, leemos parte de las últimas conversaciones de Jesús con sus discípulos. El contexto es la Última Cena. Judas acaba de marcharse para traicionarlo. Jesús sabe muy bien que ha llegado su hora. Habla de su glorificación, que para Juan se refiere a su Crucifixión, Resurrección y Ascensión al Padre. Jesús ha glorificado al Padre siendo obediente a su voluntad hasta el final. Ha cumplido el propósito para el cual el Padre lo envió. Ahora, por fin ha llegado el momento de que el Padre lo glorifique.

Jesús ha lavado los pies de los discípulos y les ha dado un testimonio supremo de amor y un modelo a seguir: “Si yo, el maestro y el maestro, os he lavado los pies, vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado un modelo a seguir, para que como yo he hecho por vosotros, también vosotros lo hagáis” (Jn 13, 14-15). Con este ejemplo concreto, Jesús insta a sus discípulos a amarse unos a otros. Sin embargo, el amor del que habla Jesús tiene una identidad específica. No es un amor cualquiera, sino “como yo os he amado”. El mismo Juan nos cuenta cómo Jesús “amó a los suyos”: “Los amó hasta el extremo” (13,1). El amor de Jesús se manifiesta en la entrega de sí mismo por los demás. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (15:13). El lavatorio de los pies de los discípulos nos enseña que el amor se manifiesta ante todo en el servicio y el sacrificio.

Tertuliano nos dice que en la Iglesia primitiva, los paganos quedaron impresionados por el testimonio del amor cristiano. “¡Mira cómo se aman!” comentaron. Jesús afirma que el amor cristiano será la marca de cada uno de sus discípulos: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos”. Pablo y Bernabé, en la Primera Lectura, fueron fieles a esta tradición del amor cristiano. Sirvieron a las comunidades cristianas, animándolas a perseverar en la fe y en la oración y el ayuno y encomendándolas al Señor. Por otro lado, la Segunda Lectura habla de la nueva Jerusalén “que desciende del cielo, de Dios… La morada de Dios está con el género humano”. El amor, en cierto modo, hace que Dios habite con el género humano”. El amor es nuestra Nueva Jerusalén portátil donde mora Dios. Por nuestro amor mutuo, Dios mora en nosotros y seremos conocidos como discípulos de Jesús.

FUENTE: “365 Días con el Señor 2022,” ST. PAULS, 7708 St. Paul Rd., SAV, ciudad de Makati (Filipinas); Teléfono: 632-895-9701; Fax 632-895-7328; Correo electrónico: [email protected]; Sitio web: http://www.stpauls.ph.

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